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Peruanos felices por desastre economico que causara Bachelet

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Peruanos felices por desastre economico que causara Bachelet

Mensaje por Admin el Mar Mayo 13 2014, 12:50

Fuente: Diario El Comercio del Peru

http://elcomercio.pe/opinion/editorial/editorial-chile-europea-noticia-1716343

Si el gobierno de Bachelet cambia el modelo chileno, el Perú debe consolidar el liderazgo económico de la región

Por años, sucesivos gobiernos en Chile han logrado resultados económicos que han convertido a su país en “el milagro” de América Latina. Hoy, esta nación posee la renta per cápita más alta de la región, la cual aumentó desde aproximadamente US$5.000 en 1990 a casi US$20.000 a la actualidad y el Banco Mundial la considera dentro del grupo de países con ingresos altos en el mundo. Durante ese mismo período, además, Chile logró reducir la cantidad de ciudadanos que se encuentra debajo de la línea de pobreza del 40% al 15%, más que el resto de países latinoamericanos. Y, según las Naciones Unidas, es el país que tiene el mayor índice de desarrollo humano por este lado del orbe.

La receta que Chile ha seguido para obtener estos impresionantes resultados no es un secreto: por décadas el país del sur ha apostado por la libertad económica. Muestra de ello es que, durante los 20 años de existencia del Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage, Chile ha sido calificado consistentemente como una de las economías más libres del planeta. De hecho en el ránking del 2014, ocupa el puesto 7 de todo el mundo y el primero de América Latina.

No obstante, a pesar de que la mencionada apuesta le ha pagado tan bien a Chile, Michelle Bachelet está considerando seriamente la posibilidad de colocar sus fichas en otro lado. La presidenta de Chile ha anunciado su intención de elevar los impuestos, aumentar las prestaciones sociales que brinda el Estado e incluso promulgar una nueva Constitución para profundizar este tipo de cambios.

Aún es incierto si la señora Bachelet tendrá el apoyo para implementar todas estas iniciativas. Su partido no tiene los 80 votos necesarios para cambiar la Carta Magna y la coalición con la que llegó al poder está integrada por grupos disímiles, los comunistas y los demócratas cristianos, que no necesariamente coinciden en la dirección hacia la que debería caminar su país. Sin embargo, las convicciones de la presidenta de que el “modelo chileno” debería llegar a su fin parecen ser firmes. Según ella “la verdadera amenaza de Chile es no hacer las reformas”. Existe, por tanto, una posibilidad de que la economía chilena termine “europeizándose”. Es decir, que se adelgace la libertad económica con la finalidad de alimentar a un Estado de bienestar más nutrido.

Las razones para este cambio de rumbo son conocidas y las enfrenta cualquier país que ha experimentado un crecimiento importante: una vez que la torta crece, a los políticos les es más fácil dedicarse a repartirla populistamente en vez de profundizar las reformas que permitirían que la misma crezca más y con mayor velocidad. Dichos políticos, sin embargo, pasan por alto que el principal inconveniente de convertirse en un país con un Estado de bienestar europeo es que es imposible hacerlo sin adquirir también los problemas económicos de Europa. Es decir, un estancamiento de la productividad y la competitividad que ha llevado a que estos países hoy estén buscando desmantelar aunque sea parte de sus insostenibles sistemas de prestaciones sociales.

En el Perú, de hecho, algo de esto también ha sucedido. El gobierno de Humala ha aprovechado los recursos que ha traído el crecimiento económico para expandir considerablemente los presupuestos y el alcance de los programas sociales sin medir las consecuencias de esta decisión. Un ejemplo es el Programa Juntos. En el primer año de este gobierno pasó de beneficiar a 950 mil personas a asistir a 1’500.000. Un número que sigue creciendo sin que nada asegure que será financieramente sostenible o que los receptores de la ayuda estén desarrollando medios para lograr producir en un futuro su propia riqueza.

El Perú debería ver lo que ocurre en Chile y tomar de ello dos lecciones. La primera, que debemos estar preparados para ver más políticos prometiendo una “mejor” repartición de la torta, pues es una tendencia natural pero que trae negativas consecuencias para el crecimiento. La segunda, que si Chile implementa el cambio de rumbo que propone Bachelet, deberíamos aprovechar el momento para profundizar la apertura de nuestra economía y tomar el liderazgo económico de la región que el vecino del sur, probablemente, abandonaría.

Atentado contra el milagro chileno

Atentado contra el milagro chileno
Por Mary Anastasia O'Grady
The Wall Street Journal



Eduardo Aninat, ex ministro de Hacienda de Chile, tiene una buena pregunta para los arquitectos del aumento de los impuestos a las empresas que circula en el Congreso del país: "¿Qué hierba están fumando?"
Aninat no es un fanático de las políticas económicas de la oferta. Su curriculum vitae incluye cinco años en el gobierno de centroizquierda del presidente demócrata cristiano Eduardo Frei (1994-2000) y luego un período como subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, el ex funcionario está preocupado de que el plan del gobierno de la recién asumida Michelle Bachelet para elevar drásticamente los impuestos sobre el capital perjudique el crecimiento y el desarrollo de Chile.

Aninat dice que Bachelet debería instruir a su equipo para que tenga una "discusión a fondo" sobre el asunto. No obstante, el gobierno y su coalición Nueva Mayoría, que controla las dos cámaras del Congreso, dicen que de ninguna manera. Ellos ganaron las elecciones. Ellos dictarán la ley.

Tres décadas de crecimiento acelerado —liderados por políticas económicas liberales— han hecho de Chile el país más próspero de América Latina. Su ingreso per cápita anual de más de US$19.000 representa un alza significativa frente al de US$5.000 de 1990. El porcentaje de chilenos que viven en la pobreza se ubica en 14,4%, frente a 45% en 1985.
El país también se destaca políticamente en la región por su adhesión a un estado de derecho que protege los derechos de la minoría y evita el populismo típico de las repúblicas bananeras.

Ahora, Bachelet y sus compinches en el Congreso están enviando señales de un cambio en las reglas de juego que sugiere un regreso a la polarización política de comienzos de los años 70. Cuesta evitar la conclusión de que ven sus mayorías legislativas como la oportunidad de finalmente embutir el sueño utópico del presidente Salvador Allende en la garganta colectiva de Chile.

El senador Jaime Quintana, vocero de la Nueva Mayoría en la cámara alta, dijo prácticamente eso en marzo, cuando la oposición se quejó de que la coalición gobernante estaba pasando la "aplanadora" en el Congreso. "Nosotros no vamos a pasar una aplanadora", dijo Quintana. "Vamos a poner aquí una retroexcavadora, porque hay que destruir los cimientos anquilosados del modelo neoliberal de la dictadura".

Bachelet ganó la segunda vuelta electoral con más de 60% de los votos y sus aliados de la izquierda creen que tiene un mandato para desmantelar la economía de mercado. Sin embargo, incluso con un mayoría de 67 a 49 escaños en la cámara baja y de 19 a 16 en el Senado, no será fácil. La mandataria no alcanza a tener las mayorías absolutas en el Congreso que necesita para reformar la Constitución y poner al Estado en el centro de la economía.

Aun así, podría sacudir el mercado. La reforma tributaria que ha enviado al Congreso eleva la tasa impositiva de las empresas de 20% a 35%. Tal vez aún más perjudicial, elimina el Fondo de Utilidades Tributarias (FUT), que permite a las empresas retrasar el pago de impuestos sobre las ganancias si éstas son reinvertidas en lugar de retiradas. El FUT ha suministrado buena parte del capital que alimentó el rápido crecimiento de Chile en las últimas tres décadas.

Un comercial animado del gobierno en televisión, y que Barack Obama podría admirar, empezó a emitirse la semana pasada. "No es justo que las grandes empresas y los más ricos de Chile no paguen los impuestos que corresponden", dice el locutor, mientras la ilustración de un hombre con traje y corbata y un maletín lleno de dinero se para al lado de una balanza cargada con lingotes de oro e inclinada a su favor.

Ministros de Hacienda de dos gobiernos anteriores de centroizquierda han expresado dudas sobre el plan. Aninat cuestionó la eliminación del FUT en momentos en que "Latinoamérica se muestra algo más recesiva, cuando los commodities no a estar de moda". La propuesta está alimentando la "incertidumbre" en tiempos ya inciertos, dijo. El ex ministro desafió al gobierno a que muestre la forma en la que concluyó que la inversión no se verá afectada. "En la academia y el Banco Central dicen que sí sería afectada", declaró.

Andrés Velasco, ministro de Hacienda durante el primer gobierno socialista de Bachelet (2006-2010), dijo la semana pasada que el FUT es una fuente clave de capital para las pequeñas empresas. En una presentación de la semana pasada ante empresarios chilenos, Juan Andrés Fontaine, ministro de Economía durante el gobierno de centroderecha de Sebastián Piñera, conectó los puntos entre la reducción de la desigualdad de los ingresos y el desempleo en Chile desde 1990 y las políticas tributarias que fomentan el crecimiento. También señaló que, aunque las grandes empresas han casi cerrado la brecha de productividad frente a sus contrapartes estadounidenses, las compañías "medianas y semi grandes" aún están muy rezagadas. "Son ellas las que más pierden con abolición del FUT", advirtió.

La reacción en el campo de Bachelet ha sido predeciblemente despiadada. La semana pasada, el ministro de Hacienda, Alberto Arenas, amenazó con considerar una eliminación retroactiva del FUT si los opositores en el Congreso seguían insistiendo en un debate. Guido Girardi, aliado de Bachelet en el Senado, advirtió que si las promesas de campaña de más populismo de la presidenta no se cumplen, el país debería esperar agitación social en las calles. Es evidente que para este grupo las cosas no han cambiado mucho desde comienzos de los 70. Predican la tolerancia cuando no están en el poder y practican la envidia y la intransigencia cuando tienen la oportunidad de gobernar.


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